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LA DINÁMICA GEOPOLÍTICA DE LA ACTUAL GUERRA FRÍA 2.0

27/07/2020

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Puigdemont. La gran apuesta

 

 

Pozzi, Raquel*

Luego de asestar contra las ilusiones republicanas de los separatistas catalanes el ex presidente de la Generalitat Carlés Puigdemont tomó el atajo más corto y seguro para neutralizar las querellas y eludir responsabilidades. La búsqueda, tanto de protección legal en Bruselas como el apoyo de los separatistas flamencos retumba en los espíritus revolucionarios  que creyeron en el coaching independentista. Estaba claro que el espejismo republicano construido en las mentes de los funcionarios de la Govern era escasamente probable llevarlo a la praxis ya que el artículo 155 del capítulo III “de las comunidades autónomas” de la Constitución española sancionada en 1978 funcionaría como el muro impenetrable de las alocadas andanzas cuyos herrajes sólo se sostenían por la mayoría parlamentaria de independentistas del partido Esquerra Republicana de Catalunya (ERC); el Partido demócrata de Catalunya (PDeCat) y la Candidatura D’Unitat Popular (CUP).  

Mirada retrospectiva “el origen”

La crisis económica del 2008 aceleró el proceso político que demostraría el gran desencanto contra el gobierno democrático de España bajo el régimen monárquico y parlamentario. Si bien los tres estados europeos más acechados por la crisis fueron Italia, Grecia y España es justamente ésta última la que fue afectada socialmente con graves implicancias políticas frente a los históricos intentos separatistas tanto del país Vasco como Cataluña. Frente al escenario de una economía perturbada por el desempleo; déficit fiscal y endeudamiento la fortaleza del derecho de autodeterminación cobró fuerza en los regionalismos agudizando la tensión social con el Estado central español a sabiendas que España cuenta con 17 comunidades autónomas y 2 ciudades autónomas (Ceuta y Melilla). Históricas han sido las luchas separatistas de las comunidades de Galicia, País Vasco y Cataluña a partir de la Segunda República en 1932 coartadas por la guerra civil española (1936-1939) y la etapa franquista (1939-1975). La transición gestionada hasta la sanción de la constitución de 1978 acorraló los separatismos pero otorgó ciertas prerrogativas autonómicas para estas tres regiones otorgándoles la posibilidad (caso específico de Cataluña) un parlamento, consejo ejecutivo, la presidencia (Generalitat, El Govern que datan del año 1359) recaudación y creación de impuestos como también la promulgación de leyes. Estos privilegios institucionales mellaron con crudeza durante la crisis del 2008 obligando al gobierno catalán a reformular los gastos presupuestarios frente a la gigantesca deuda que el mismo tenía y tiene actualmente con el gobierno central español. Los recortes en gasto público eyectó la paciencia de los catalanes frente al estado central que ahorcó las finanzas reduciendo los límites del déficit generando fuertes reajustes al Govern catalán en educación, sanidad y empleos públicos. Si bien Cataluña es uno de los motores importantes que cuenta el gobierno español, también lo es Madrid y Navarra aunque cabe destacar que el 20 % del total de las empresas en el sector industrial se encuentra afincado en la región catalana seguidas por Madrid con el 16% y Andalucía 15 % del poderío fabril.  

La fuerte necesidad de aumentar el presupuesto para desahogar las finanzas condujo a la Generalitat a echar mano a otras opciones de recaudación para lograr el equilibrio fiscal y sanear la economía aplicando medidas que tiendan a mejorar la calidad de vida de los catalanes descontentos y alicaídos por los efectos de la crisis. Los ánimos y el termómetro social aporrearon los discursos teñidos de demagogia populista y exigieron a los funcionarios de la Generalitat a correr detrás de soluciones contundentes. Pero la pulseada entre Cataluña-España se reflejó en las competencias legales, si bien las comunidades autónomas gozan de ciertas libertades legislativas, el gobierno cuenta con la posibilidad de promulgar leyes nacionales, abroquelando cualquier intención normativa que no esté en consonancia con las del estado nacional.

Sólo una cuestión de imagen

Los fuertes roces posteriores a la crisis fueron capitaneadas por Artur Mas i Gavarro presidente de la Generalitat catalana por el partido CiU (Convergéncia i Unió) entre 2010-2016 por el otro lado el gobierno español era regenteado por Mariano Rajoy del Pp (Partido popular) con fuerte tendencia nacionalista y en las antípodas de todo intento separatista. La situación económica subsumió los intereses independentistas y las recetas de Artur Mas estaban centralizadas en lograr estabilizar la economía, estaba claro que la última jugada sería utilizar una carta política para solucionar los problemas económicos pues se convertiría en el más grande sincericidio y alta traición a los ideales históricamente defendidos, pero Puigdemont lo hizo.

Puigdemont ¿y ahora qué?

La huida de Barcelona hacia Bruselas del ex – presidente Carles Puigdemont y el resto de los ex miembros del Govern no sólo demostró una actitud pusilánime con sus pares que capearon la tormenta en Barcelona sino también dejó entreverar que no había una estructura organizada para enfrentar los embates del gobierno español. Puigdemont intentó fortalecerse políticamente utilizando el ánimo social de los ciudadanos que tienen profundas intenciones separatistas. No sólo no había tenido en cuenta la fuga de bancos y empresas más importantes sino también no incluyó dentro del prototipo de proyecto independentistas a las fuerzas militares, otorgando indicios de improvisación brutal en la planificación arrastrando anhelos  y convirtiendo la independencia en quimérica fábula a la DUI (declaración unilateral de la independencia) Alojado en Bruselas y subsistiendo por el apoyo popular, Puigdemont manifiesta bipolaridad política esperando el veredicto de la justicia belga sobre su extradición, mientras tanto de cara a las elecciones del 21 de diciembre los grandes actores del independentismo intentan compactar a los partidos políticos separatistas en una única lista, pero el tiempo apremia y tanto ERC; PDeCat, CUP y otros observan por el rabillo del ojo a Puigdemont analizando si dilapidarán tanta historia y solidez ideológica dejando en manos de la improvisación orquestada desde Bruselas o se harán realmente responsables de los reclamos de los catalanes separatistas que apoyados por independentistas de otros estados de Europa colman las calles con banderas esteladas (diferente a la Senyera/España) o serán políticamente correctos uniéndose en una lista única para seguir gestionando la independencia sui generis bosquejada por la intuición y comandada por lo imprevisto. ¡Dios salve a los catalanes!

*Prof. en Historia/Analista en Política Internacional

 

 

 

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