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LA DINÁMICA GEOPOLÍTICA DE LA ACTUAL GUERRA FRÍA 2.0

27/07/2020

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Arabia Saudita acorralada entre la inteligencia y el asesinato

 

 

Jamal Khashoggi, periodista saudí que conocía en profundidad el pulmón del poder político de la casa real saudí no sólo fue asesor de prensa de algunos príncipes tales como Turki al Faisal sino también un allegado directo de funcionarios intimidados por el príncipe heredero Mohammed Bin Salman. Director de cadenas de noticias Al Arab y Al Watan en Arabia Saudita, conocía e investigaba asuntos de política interna y relaciones internacionales en un contexto de purgas políticas y de censura minuciosa de la prensa en tiempos de Salman. J. Khashoggi exiliado en EEUU proseguía sus investigaciones y escribía semanalmente en el diario The Washington Post con fuertes detracciones contra el reformismo implementado por el príncipe heredero en Arabia Saudita. Las desapariciones de varios periodistas y blogueros en Riad bajo la ley “antiterrorista” aplicada desde el año 2014, han hecho de la prensa libre uno de los oficios más peligrosos en el reino de la dinastía Saúd. J. Khashoggi entendía perfectamente de qué se trataban las desapariciones no sólo de los critican a la monarquía saudí sino también de todo aquel que haya estado dentro del entramado institucional de manera formal o informal. Los amigos del poder antes de Salman corren peligro y aquellos que saben más de lo que deben también, es que todo está digitado y planificado a través de los servicios de inteligencia y nada se escurre por ninguna alcantarilla cibernética, todo en Arabia Saudita está controlado. Habida cuenta que nada escapa al ojo cíclope de la inteligencia en Riad y que todo está supervisado bajo control estricto ¿Jamal Khashoggi consideró su estadía en EEUU –aliado de Arabia Saudita- sin el riesgo de ser víctima del algún atentado? ¿Por qué Estambul fue el lugar elegido para perpetrar el aberrante asesinato? ¿Cuál era la premura de obligar al periodista a volver a su país? Evidentemente el periodista sabía más de lo que debía, su antigua amistad con Bin Laden antes de ser el líder de Al-Qaeda y del derrumbe de las torres gemelas en EEUU se transforma en la caja negra donde se ocultan verdades del andamio peligroso del poder político de la dinastía de Saúd. Khashoggi no improvisaba, en Turquía debía resolver asuntos personales pero conocía la extensión de los tentáculos de la inteligencia saudí pero evidentemente alguna pieza del sistema de protección al periodista falló o se “torció”.

Échale la culpa al Riad

Tan pronto comenzaron las investigaciones por la desaparición de Khashoggi a partir del 2 de octubre, la necesidad de hacer desaparecer toda evidencia fue casi imposible en otro estado donde también “casi todo” está perfectamente controlado. La República de Turquía goza de una reputación parecida con respecto a la quimera libertad de prensa, pero el presidente de Turquía, Recep Tayyip Erdogan es astuto al considerar esta la oportunidad para negociar algunas pruebas: las escuchas, las cámaras, la lista de los saudíes que llegaron de manera fugaz ese día y tantas otras que quizás sólo podremos imaginar. Aunque los días corrían y el cuerpo del periodista no aparecía, todo parece indicar que las maniobras de negociación ya se estaban llevando a cabo, faltaba ajustar la cantidad de los agentes que serían involucrados más allá de la red de servicio de espionaje que está instalada en Estambul, como también la versión que sea lo más veraz posible pero a la vez rimbombante para la prensa internacional, pero todo eso lleva tiempo -13 días de silencio-  y no es fácil ajustar todos los detalles con suma perfección cuando existen complicidades. El 18 de octubre a través de una emisora televisiva estatal saudí reconocieron el asesinato de Khashoggi producto de una “pelea” dentro del consulado, automáticamente comenzaron a mutar las versiones oficiales y extra-oficiales como también los detalles de la operatividad utilizada para asesinar al periodista. La tormenta diplomática que se avecinaba hizo que en Riad algunas piezas del sistema rígido fueran depuradas para dar señales al mundo de una monarquía reformista y moderna sin quedar expuesto a través de ningún índice acusador de ser los autores intelectuales del atroz hecho, Al Qahtani (asesor de la Casa Real) fue apartado de su cargo, Ahmed Al Asiri (el nro. dos de los servicios de inteligencia) también, así una numerosa lista de nombres más allá de los conocidos fueron desplazados, quizás a estas alturas con paradero desconocido.

El asesinato novelado

Luego de la nefasta noticia, parece que lo importante se concentra en los detalles del cruel episodio y algunas marcas de móviles reconocidas a nivel mundial aprovecharon para publicitar “indirectamente” sus productos. La hipótesis de la grabación a través del Apple Watch del periodista quedó descartada porque la misma compañía se encargó de exponer al mundo global las bondades del producto pero la desventaja en un país donde las posibilidades de funcionamiento no están. No obstante el gobierno turco, adalid de la astucia en la comercialización, prefirió tomar los recaudos para saber si realmente el reloj Apple watch de tercera generación del periodista no habría grabado nada, aún seguros que ese dispositivo no funciona en Turquía. Otros elementos aparecen en las diferentes versiones sobre el asesinato desde drogas, alfombras, un cooperador local y hasta un doble de Khashoggi pero los restos del periodista no aparecen. Es imposible obviar la mención del presidente norteamericano D. Trump quién confirmó que el millonario negocio de venta de armamento a Arabia Saudita no se verá involucrado ni perjudicado pero que aspira a utilizar todos los medios para exculpar a su país socio obligando indirectamente a que el rey Salman Bin Abdulazis alzara la voz y protegiese a su príncipe heredero. Detrás de las túnicas del rey, el príncipe deberá guardar reposo ya que la situación es muy complicada por la pérdida de credibilidad en tiempos modernos de la Casa de  Saúd. El presidente turco R. Erdogan tiene su comodín, el ex diplomático Maher A. Mutreb y lo negociará para lograr grandes tajadas de los saudíes, pero también existen evidencias financieras que cierran filas entre empresarios saudíes y negocios inmobiliarios de propiedades de la dinastía Trump aunque los norteamericanos se esfuercen por torcer la pluma de los analistas exponiendo que la culpa se concentra en las pésima política exterior del príncipe Salman en: Yemen, Qatar, Irán y Siria. La creatividad para resolver esta trama de intrigas y secretos es infinita, pero es imprescindible extrema cautela, en el mundo son asesinados diariamente periodistas, Khashoggi lamentablemente es uno más, la cobertura mundial del mismo encierra cierto mensaje aterrador y es el simbolismo amenazador que el poder político puede acallar sistemáticamente al factor de poder que intente investigar y/o denunciar y esa es la prensa.

Twitter: @raquelpozzitang

 

 

 

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