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LA DINÁMICA GEOPOLÍTICA DE LA ACTUAL GUERRA FRÍA 2.0

27/07/2020

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Talibanes en Afganistán “Regreso con gloria”

 

 

De serafines a demonios, los talibanes regresaron, diseñando junto a los EEUU un borrador de un acuerdo de paz con el compromiso “que Afganistán no  vuelva a convertirse en una plataforma para los grupos terroristas. El talib o estudiante (raíz árabe talaba –estudiar-) surge  en la década de los noventa en Afganistán producto de la unificación de dos movimientos: Harakat-e-Inquilab-e-Islam y El Hezb-e-islami, los cuáles actuaron de manera diferente en la guerra soviética-afgana durante la Guerra de Afganistán (1978-1992), Harakat fue un desprendimiento de la Guardia Revolucionaria iraní chií y El Hezb étnicamente de la rama pasthún e ideológicamente proveniente de la Hermandad Musulmana. El proceso histórico de la guerra fría en Afganistán estuvo caracterizada por el apoyo de los EEUU a las milicias muyahidines que conformaron el grupo de los Talibanes y la URSS al Partido Democrático de Afganistán (PDPA) de tendencia comunista. La República Islámica de Afganistán fue el centro neurálgico de prácticas fundamentalistas que rebasa lo meramente religioso: la incursión de la Unión Soviética en la región centraba sus objetivos en la expansión ideológica, el control de la ruta de las armas, el cultivo de la amapola como opiáceo ilegal, hierro, oro, litio y uranio mientras que las pretensiones de los EEUU se condensaba en torno  al control de la ruta del petróleo desde Irán en tiempo del Shah Mohammad Reza Pahleví. Más allá de la contundencia de los dos actores fundamentales de la Guerra Fría, el dominio regional era también detentado por Pakistán y Arabia Saudita quienes  mantenían férreo interés de crear un estado islámico con elementos del wahabismo saudí y de las escuelas de enseñanza islámica de las madrazas neobandis de Pakistán (primer estado moderno fundado con basamentos islámicos en 1947, representa actualmente el segundo país más grande del mundo musulmán después de Indonesia). La relación entre Afganistán y Pakistán fue crucial para los talibanes en tiempos soviéticos debido a que Islamabad configuró una política pro-pasthún a través del general retirado Naseerullah Babar “padrino” de los talibanes.  En este contexto, Afganistán fue para la URSS lo que Vietnam simbolizó para el mundo Occidental gestionando a favor de movimientos radicales cuyos propósitos no estaban supeditados solamente a la implementación del Islam sino también homogeneizar étnicamente una región caracterizada por conflictos tribales entre 25 etnias diferentes como árabes, pasthunes, tayikos, uzbekos y otros. La teoría del “caos constructivo” pergeñada por la hegemonía norteamericana a partir de septiembre del 2001 se consolida a partir de la invasión en Iraq (2003) configurando la hoja de ruta militar al servicio de los intereses occidentales a partir del “Nuevo proyecto de Oriente Medio”. La guerra fría era el “orden mundial” en  la segunda mitad del S. XX pero la caída de la URSS comenzaba a desordenar las regiones más débiles por los enfrentamientos tribales, sectarios, políticos o religiosos, la construcción “del otro” como contrincante se habría convertido en la obsesión fatal. Teniendo cuenta lo expresado, el caos se capitalizó de manera constructiva generando divisiones interreligiosas-inter/tribales-interregionales y otros, lo que en teoría política denominan “la balcanización de Oriente próximo” debilitando todo tipo de resistencia, corrompiendo a los pseudo-estados,  ocupando espacios vacíos, armando, equipando los grupos armados y luego “dejarles luchar”. La diplomacia transformativa de Condolezza Rice se concentró en democratizar países del Próximo Oriente (aunque lo niegue) a excepción de Arabia Saudita aliado indispensable para los EEUU luego del 11 de septiembre 2001

El ingreso en la escena internacional de los talibanes

El talib o estudiante, pertenece a la rama pasthún con aplicación estricta del Islam originario profesando enérgico rechazo a lo moderno y secular.  Las conquistas de las ciudades afganas de Kandahar en 1994 y Kabul en 1996 se transformaron en trofeos de guerra para los talibanes implicando una victoria política y militar aunque también la construcción de un puente de intercambio entre Afganistán y Pakistán no sólo cultural sino también comercial, de inteligencia y armamentístico. Con el apoyo de la cúpula militar pakistaní, los talibanes se hicieron del poder territorial y político durante un lustro, controlando el 90% del territorio afgano, aupados por el Mullah Mohammed Omar -emir de los fieles-  formando el Emirato Islámico de Afganistán liderado por los mullahs y la Shura Suprema,  el 10% restante del territorio fue el centro operativo del político/ militar Ahmad Massoud,  del político Burhanuddin Rabbani y del líder chií Karim Khalili quienes conformaron la denominada “Alianza del Norte Afgano” y unidos a otras fuerzas anti-talibanes tomaron el control de Kabul generando el derrumbe del régimen talibán en el año 2001 en un tablero de piezas geo-estratégicas dónde Al-Qaeda del líder saudí Osama Bin Laden había sido un emisario en Afganistán del wahabismo a sabiendas que los talibanes como intercambio  de favores apoyarían al heraldo saudí, aunque éste se había transformado en el enemigo más perseguido por Occidente y junto con él, los talibanes. La cacería contra estos movimientos radicalizados por parte de los EEUU, la OTAN y el ejército afgano de la Alianza del Norte suscitó el derrumbe aunque, no la desaparición de los talibanes. La guerra contra el Terrorismo radicalizado del S. XXI y la enérgica presión de la administración Bush en la región condicionó la fidelidad de Islamabad y el presidente Pervez Muscharraf contra los talibanes y la red Al Qaeda.  La operación “Libertad Duradera” como “Anaconda” disolvió a los movimientos radicalizados convirtiéndolos en semilleros de minúsculas células cuyo grado de operatividad es menor pero letal. La dificultad por la localización de los mismos en la porosa frontera afgano-pakistaní y el financiamiento proveniente del narcotráfico proveyó a los talibanes de recursos para resurgir y desestabilizar políticamente Afganistán. Uno de los factores que juega un rol contundente en reavivar las células es el eclecticismo ideológico del talibán, la mistura entre ideas de Al-Qaeda y las tradiciones pasthún generó la posibilidad de engrosar las filas de reclutamiento utilizando prácticas de guerra de guerrillas con firmes intenciones de tomar nuevamente Kabul. El propósito de los talibanes no se circunscribía hacia los ejércitos de la coalición ni a las fuerzas de la OTAN  que habían asumido la FIAS (Fuerza Internacional de Asistencia para la seguridad) sino a la población civil quienes padecieron los porcentajes de bajas más importantes como también las vejaciones hacia las cuáles eran sometidos. La estrategia era clara, someter a los civiles para debilitar la credibilidad del gobierno transitorio en 2001 y democrático hasta el año 2009 de Hamid Karzai.

Con la administración Trump los talibanes están más cerca de Kabul

Entre las sombras y con cautelosa resistencia, Washington reconoce el acercamiento del enviado estadounidense Zalmay Khalilzad con representantes talibanes y el Mulá Abdul Ghani Baradar en Qatar, la prudencia de anoticiar se cierne sobre la situación delicada que atraviesa la política exterior norteamericana con respecto a las promesas reiteradas y fallidas del retiro de las tropas en Afganistán. D. Trump no resiste más equivocaciones, y de alguna manera quienes fueran sus aliados contra los soviéticos en Afganistán, intentan reestablecer los vínculos con los norteamericanos y éstos a su vez mantener un satélite de control ante el avance de la influjo ruso y turco en la región pero sobre todo mantener a los chiítas alejados de cualquier influencia regional en yuxtaposición por la hegemonía regional entre Arabia Saudí (sunní) y la República Islámica de Irán (shií). En Washington la incomodidad por la agenda desopilante de la política exterior trumpeana considera que es el pórtico más transparente que visibiliza la crisis política doméstica estadounidense y que excede la reyerta histórica entre republicanos y demócratas, son los mismos republicanos que resisten a los halcones de la Casa Blanca y a las neo-conservadoras decisiones de John Bolton (Consejero de Seguridad Nacional) cuyo equipo de asesores son tan beligerantes y agresivos con cócteles de propuestas alejadas del multilateralismo para resolver el problema del Terrorismo en el S. XXI. Los agitadores geopolíticos de la Casa Blanca han entregado en bandeja de plata la llave de Afganistán a los talibanes quienes de manera veleidosa han hecho explotar por los aires una base militar afgana presionando a los EEUU con el propósito de lograr firmar un acuerdo de paz en tiempos vertiginosos ya que Irán también intentó vincularse con los talibanes a través del almirante Alí Shamkhani. Seguramente la noticia del acuerdo de paz de Afganistán entre los talibanes y EEUU será un maquillaje adecuado para la comunidad internacional al querer exponerlo como claras intenciones de acorralar al Daesh y Al – Qaeda a cambio de la retirada de los ejércitos norteamericano en un plazo de 18 meses. El portavoz del presidente afgano Haroon Chakhansuri consideró casi irrelevante las actuales operaciones militares de las tropas norteamericanas porque se trata simplemente de tropas de apoyo y asesoramiento (sólo el Departamento de Defensa estadounidense sabe los números exactos) pero algunos analistas consideran que no se trata sólo de la retirada de soldados estadounidenses aproximadamente 14 mil sino también los 8 mil soldados de otros estados sumado a los 25 mil agentes de inteligencia del Pentágono. Los talibanes prefirieron negociar con el enviado estadounidense y se negaron rotundamente a pactar con el presidente actual de Afganistán Ashraf Ghani Ahmadzai lo cual implica la escasa legitimidad que Ghani representa para los talibanes, allí radica el temor a gestarse nuevamente una guerra civil dónde esta vez las fuerzas del talibán estarían organizadas sistematizando la persecución y ejecución de los  opositores.

En la mesa de negociaciones los talibanes exigen condiciones

No sólo la retirada de las tropas norteamericanas está en juego, a cambio los talibanes prometen el alto al fuego e intercambio de prisioneros, pero lo más notable de destacar es la salida de la insurgencia y el ingreso a la política afgana (historia comparada con la FARC en Colombia). La politización de los talibanes dentro del proceso político significaría financiamientos para su campaña, el ingreso de esas divisas emulando al  Plan Marshall post-2da guerra mundial, que promoverá la reconstrucción de Afganistán de manos de sus propios verdugos para mantener en jaque y lejos de las fronteras al Daesh y Al – Qaeda. Lo cierto es que los halcones de la Casa Blanca son conscientes que si no son los EEUU será la República Islámica de Irán o La Federación Rusa las que los proveerá de los beneficios políticos y económicos. Antes de fracasar nuevamente en una región que no le es cómoda en decisiones prefirieron mover la pieza más importante en el tablero geo-político. La pronta retirada del Secretario de Defensa estadounidense, Jim Mattis acelera los tiempos ya que oficia de garante en el compromiso que los EEUU tenían con el gobierno de Afganistán como también ese apresuramiento responde a la dinámica en cuánto a la cantidad de muertos durante el gobierno de Ghani Ahmadzai que desde su asunción en el año 2014 a la actualidad ha escalado a 45 mil soldados y policías caídos en combate. La lectura es simple, la solución del conflicto no es militar ya que la guerra de guerrillas siempre ha sido adversa a la suerte de los occidentales y la capacidad de resiliencia de las milicias talibanes ha permitido el fortalecimiento como también el resurgimiento de los mismos. En la mesa de negociaciones los talibanes se favorecen por el superávit en los tiempos, diferente al déficit que la administración de Washington posee, les urge una solución y las condiciones no serán tan factibles de realizar. El retiro de las tropas de la OTAN digitadas por los Estados Unidos requiere de progresividad y esto podría llevar meses. La paz es el deseo de los civiles afganos; el poder político para los talibanes y la retirada silenciosa  políticamente correcta para D. Trump. Los talibanes regresarían a Afganistán habiendo negociado la paz con los Estados Unidos y levantando como estandarte de triunfo los chalecos explosivos en una clara muestra de  “Regreso con gloria”.

 

Twitter: @raquelpozzitang

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