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Yemen en las garras del olvido

12/09/2017

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PETRO-MONARQUÍAS DEL GOLFO PÉRSICO ALIADAS CONTRA IRÁN

 

 

Los príncipes herederos más relevantes que generan actualmente notoriedad en el Golfo Pérsico son: el príncipe M. Bin Salman (MbS) de Arabia Saudí y M. Bin Zayed (MbZ) de la federación de Emiratos Árabes Unidos, se trata de monarquías dinásticas a diferencia de monarquías individuales como Marruecos y Jordania, éstas últimas pivotean su poder conjuntamente con los parlamentos pero sin perder la centralidad.

En las monarquías dinásticas el gobernante es el jefe de familia, su poder se extiende a todo el país a través de una minuciosa red política y social como también un servicio de inteligencia que los mantiene informado de manera eficaz. Lo que permea el tejido sólido de alguna de estas monarquías  individuales o dinásticas en el presente siglo, es el ingreso de las tecnologías vía redes sociales, convirtiendo a los jóvenes en vectores importantes de las revueltas enmarcadas en procesos tales como “La Primavera Árabe”.

 

 

No es el caso de Arabia Saudí y los EAU, si bien ambos sostienen matizada aversión contra el islamista, los EAU tienen dedicación exclusiva en la lucha contra los talibanes en Afganistán; los Hutíes y Daesh en Yemen;  Al – Shabaab en Somalia; la hermandad musulmana en Libia de M. Morsi en al año 2013 (e/otros) colaborando con los EEUU. En el caso de Arabia Saudí la situación es diferente sobre todo en el  apoyo solapado en la guerra en Siria a las  fuerzas islamistas. 

Retomando el hilo, los príncipes herederos en el golfo, registraron la secuencia negativa de los efectos de las revueltas árabes prestando especial atención en el hastío social de las prácticas arcaicas de los reyes octogenarios, sobre todo en el carácter temporal extenso de sus gobierno en un tejido permeable por pseudo-fidelidades en torno a príncipes menores que se corrompen y ansían mayor autonomía.

Tanto MbS como MbZ gobiernan entre la legalidad y un manto oscurantista respecto a las formas del arribo al poder político, si bien existen diferencias notables entre ambos, el hilo conductor que sostiene la lógica de alianza en estas petro-monarquías es el enemigo común: La República Islámica de Irán.

Una versión de la “guerra fría” en esta región propone a Arabia Saudí de un lado y a Irán del otro, por lo tanto es imprescindible generar un mapa mental de los bloques de estados que se han conformado en torno al conflicto actual en el Golfo Pérsico. Los jeques árabes tienen abultado poder económico y gobiernan con un “yacimiento en cada bolsillo”.

El mando político sólo requiere de formalidades endebles ya que la rigidez está marcada por fuertes tradiciones inapelables. En el caso de los persas, su pasado imperial es la más preciada riqueza, aunque también posean recursos naturales que los hacen potentes en la región, no obstante en medio de la crisis actual, los iraníes están conminados a ser leales a su pasado “entre la guerra y la paz”. En la era global de las comunicaciones, los señores de turbantes blancos  representan la antítesis de los líderes de barbas blancas.

El debate quizás es más claro: ¿Petro-monarquías o Líderes nucleares en el Golfo? en la era Trump, es irrefutable, sus aliados del oro negro árabe no constituyen para los norteamericanos el peligro real actual, pero la capacidad nuclear de Teherán como también otros factores persas conforman el puzle difícil de domeñar para los EEUU.

 

Arabia Saudita no está sola en el Golfo Pérsico

El príncipe heredero Mohamed Bin Salman –MbS- en Arabia Saudí y el poder que ostenta en la región se ha convertido no sólo en nombre propio, sino en la referencia de un significante puro a una existencia singular pero con gran sentido de “modernidad” en la geo-política del Golfo Pérsico.

Para Teherán, la cadena no se corta en Riad, existe un eslabón emiratí, refiriéndose a Mohamed Bin Zayed, fortalecido por la mediatización. Las petro-monarquías emprenden una etapa renovadora de herederos aggiornados a la nueva era global pero cuya genética anti-persa los aúna y los fortalece con la anuencia de D. Trump y bajo la supervisión del mandatario israelí B. Netanyahu.

Ponderar la figura de Mohamed Bin Zayed,  comandante supremo adjunto de las FFAA de los EAU, es una tarea ardua, teniendo en cuenta que su posición como heredero y a la vez jefe de Estado –de facto- surge entre las sombras. Sobre la costa oriental de la península arábiga: Kuwait; Arabia Saudí; Bahrein; Qatar; EAU y el sultanato de Omán, custodian el ritmo comercial en las aguas del Golfo Pérsico con fuerte presencia del holding emiratí Dubais Port World y de la poderosa fuerza naval estratégica de los iraníes.

La táctica política de los herederos árabes es poner el foco mundial en estos nuevos líderes políticos, con la salvedad que no todos los jeques árabes son adeptos a la exposición, así dicen de MbZ. De todas formas no pasa desapercibido, la carrera armamentística de los EAU aumentó sustancialmente entre los años 2007 al 2018 según SIPRI (Instituto Internacional de Estudios para la Paz  de Estocolmo) dato que plasmó la inclinación bélica de Zayed por el volumen de importación - exportación de armas y  municiones otorgándole independencia y relevancia en la región.

 

Antiguas discordias y nuevos herederos

No siempre fue cordial la relación entre Arabia Saudí y los EAU en tiempos del jeque Zayed Bin Nahyan y del rey Fáisal Bin Abdulaziz, el punto de fricción se centraba en la frontera con Qatar –Al Wakrah- en el asentamiento de  Khawr al Udayd, zona estratégica de ingreso al Golfo Pérsico como también refugio de piratas. La disputa tuvo punto final en el año 2005 cuando conjuntamente decidieron la política de cooperación en torno a la lucha contra la República Islámica de Irán.

Los EEUU han denominado a los EAU como “la pequeña Esparta” por la formación militar convirtiéndose en la 2da. Fuerza más importante en “Oriente Próximo”. Las conexiones directas entre Trump y MbZ se robustecieron por las políticas en torno al: Pacto Nuclear; los vetos a las resoluciones del congreso norteamericano que detenían la venta de armas a Arabia Saudí y EAU; al reporte Robert Mueller sobre la conexión Rusia-EEUU y las luchas contra islamistas ya mencionadas. En el mundo de la política las diferencias quedan veladas cuando el enemigo común acecha.

La tríada Arabia Saudí-EAU-EEUU tienen un objetivo en común, debilitar el tejido económico iraní. Sin embargo MbZ es aliado de la realpolitik y a pesar de tratarse de un conjunto de emiratos de pequeñas dimensiones se ha convertido en un factor regional influyente demostrando su potencial en Yemen en la capacidad de planear y ejecutar la re-captura de Adén.

Con “un yacimiento en cada bolsillo” los nuevos herederos replican la trama de alianzas y contradicciones del mundo democrático: D. Trump adepto a vetar las resoluciones del congreso se recuesta en el Reino Unido donde B. Jhonson cierra el Parlamento en medio de turbulencias; en el mundo de las monarquías dinásticas: MbS apuesta a la “diplomacia” y a las purgas internas mientras MbZ ostenta capacidades militares con altas preferencias a las guerras convencionales dejando entrever la mano que mece la cuna de un posible conflicto bélico directo contra Irán espoleado por los EEUU. Peligro inminente.

 

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