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LA DINÁMICA GEOPOLÍTICA DE LA ACTUAL GUERRA FRÍA 2.0

27/07/2020

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EL PETRÓLEO Y LA EMERGENCIA DE UN ACUERDO GLOBAL

 

La ley del mercado regulado por la oferta y la demanda no logra equilibrar el precio del petróleo en tiempos excepcionales con la expansión de la pandemia. El mercado mundial del petróleo se ha derrumbado precipitadamente, algunos analistas consideran la probabilidad de tratarse de la peor recesión desde la 2da. Guerra mundial.

La disminución del consumo mundial en el mes de abril 2020 al 30 % supera ampliamente la merma en la demanda y en el precio por b/d (barril diario) de petróleo al año 2008, en plena crisis financiera. Números comparativos en cuanto a la variación cíclica de los precios por barril  p/d en el término de 12 meses nos permite analizar los porcentajes: Previo a la crisis financiera del 2008 el b/d según precio Brent europeo cotizaba  en diciembre del 2007 a 90,93 U$S y en diciembre del 2008 a 39,95 U$S lo que implicó una baja  aproximadamente del 56,25 %; Previo a la pandemia COVID -19 en  abril del 2019 el precio por b/d rondaba en los  71,23 U$S y en abril del abril 2020 cotiza a 21,38 U$S observando una tendencia de  caída del precio por barril de petróleo diario en 70,08 %.

Si bien el porcentaje 70,08 % en la caída del precio del petróleo entre abril 2019 y abril 2020 activa las alarmas en el mercado internacional, el dato relevante comparado con la crisis del 2008 es que el “boom del fracking” se enmarca temporalmente recién a partir del 2010 dónde la producción aumenta notablemente por la viabilidad técnica de empresas privadas norteamericanas en la capacidad de perforar el subsuelo para alcanzar betas de gas natural y petróleo (antes descartable) mostrando su máximo apogeo en el término de cuatro años 2010 – 2014 en los Estados Unidos.

Regiones de Nueva México,  la cuenca  Pérmica del oeste de Texas y Dakota del Norte transformaron su fisonomía con el fenómeno de las petroleras independientes del ‘shale’ – técnica de extracción del petróleo y gas de las capas profundas de bituminoso de esquisto a través de perforación lateral e inyección de agua a presión – como Chesapeake Energy; Whitting Petroleum y empresas pioneras como ExxonMobil; Chevron Corporation y ConocoPhillips Petroleum.  Este fenómeno de las petroleras independientes que colocaron a los EEUU como gran exportador y  primer productor mundial  también gestionó en favor de la caída de los precios del petróleo a nivel global por las nuevas incorporaciones de empresas dedicadas a la producción.  El petróleo crudo; el condensado de arrendamiento –hidrocarburo líquido de baja intensidad- y los líquidos de las plantas de gas –NGPL- conforman los componentes de combustible líquido siendo el  parámetro para medir las producciones de petróleo en sus diversas formas: crudo, condensado y gas. En la etapa de apogeo de “American first” en la administración del presidente Donald Trump durante el año 2018 la producción alcanzó records de casi 11.0 millones de  b/d y en lo que respecta al gas –NGPL- duplicó en producción a los valores del año 2008.

En menor proporción Rusia también experimentó alzas en la producción de gas al 7 % incrementando las exportaciones a China y estados de Europa. En el caso de Arabia Saudita el aumento de la producción se ha concentrado en el petróleo crudo anticipándose al acuerdo realizado por la  OPEP en diciembre del 2018 que definiría los recortes de producción.

La carrera de precios del petróleo y del gas se potencia entre los EEUU y Rusia, sin embargo Arabia Saudita se adelanta en las decisiones  debido a las ventajas en información e inteligencia que Riad posee sobre los países que integran la OPEP, sobre todo  la “Ruta del petróleo” en el Golfo Pérsico. La franja temporal entre el 2008 al 2020 nos permite observar el desarrollo de la producción energética tanto de los EEUU,  Rusia y Arabia Saudita, tríada determinante en las políticas petroleras en un escenario global atípico con la pandemia y un mundo en cuarentena.

 

Los Estados Unidos: del “boom del fracking” al “boom de las quiebras”

 

La incidencia de los bancos como vector importante en el  financiamiento crediticio para las petroleras independientes son actores fundamentales en pos por cubrir el desfasaje entre el capital de base y el rendimiento de las empresas con el objetivo de compensar precios y volúmenes productivos.

El comportamiento cíclico del mercado del petróleo obligó al endeudamiento  quebrantando la confianza por los balances negativos de las empresas en el 2019 con la depresión del precio del crudo  y  la imposibilidad de cumplir con los compromisos de deudas.

El Cheasapeake Energy es una de las tantas empresas que suspendió la cadena de pagos disminuyendo su presencia en los fondos de inversión  transformando los bonos activos en bonos sub-prime (bonos basura) al mejor estilo de la crisis en Wall Street en 1929. En este contexto numerosos bancos de inversión como Bank of América Merrill Lynch y Goldman Sachs presionan para que la administración de Trump proceda al alineamiento con el Acuerdo – borrador realizado por OPEP + Rusia en el compromiso de la reducción de la producción de b/d de petróleo  y con el objetivo de estabilizar los precios internacionales. Algunos holdings  como Barclays (fondo de inversión británico) y  JPMorgan Chase Bank están inmersos en una burbuja virtual, con la pretensión que el valor del petróleo se posicione por encima de los 70 U$S. Realidades paralelas: la virtual y la real.

   

Estados en emergencia y la excepción mexicana.

 

Varias son las razones de prioridad en la agenda económica mundial por el precio del petróleo. Tanto Rusia como Arabia Saudita conocen en profundidad la situación que atraviesan las petroleras independientes estadounidenses dedicadas al ‘shale’ que no logran cubrir los costos a precios por debajo de los U$S 30. Si bien es el momento oportuno para una “guerra de precios” y colonizar las reglas de juego con respecto a la  producción del petróleo y el gas, peligran no sólo las empresas privadas sino algunos estados que integran la OPEP como los productores que están por fuera de la Organización.

Los estados socios de la OPEP: Argelia, Angola, República Democrática del Congo, Guinea Ecuatorial, Gabón, Venezuela, Libia, Nicaragua, Irak, Irán y otros capean la crisis económica global con la caída del consumo y los precios con políticas económicas de estados asistencialistas cuyas  reservas están en cero afrontando en la mayoría de los casos deudas públicas y privadas, escenario catastrófico que no podrán sostener a largo plazo. El desacato del acuerdo sería el derrumbe tanto para la OPEP liderada por Arabia Saudita; para la Federación Rusia como también para los EEUU y toda la red comercial integrada por otros países que dependen de las decisiones del núcleo duro petrolero. Pero el efecto catastrófico es el fuerte impacto en el desorden global en términos de sanidad y en términos económicos.

 

 

El péndulo mexicano. 

 

Abordar este fenómeno como un  “Cisne Negro” nos facilita los fundamentos para explicar las políticas de “buena vecindad” entre D. Trump y el presidente de México A. M. López Obrador. La reacción inesperada del presidente D. Trump en favor de México al asumir el compromiso del recorte  progresivo de  producción (ante la imposibilidad del estado mexicano) conduce a indagar sobre el dilema oscurantista ¿Cuál es la razón para proteger los intereses petroleros mexicanos? 

México es un estado que actualmente acusa crecimiento muy negativa con agónica capacidad para afrontar los efectos de la coyuntura internacional por la pandemia y con precios en baja del petróleo. La respuesta podría centrarse en la Banca, los fondos de inversión de las compañías petroleras en Wall Street y pólizas de seguros que reaseguran un colchón financiero que permita amortiguar la caída de los precios.

El presidente norteamericano en un juego de retórica justifica el acto bondadoso hacia el estado mexicano, con temas sensibles como el resguardo de la frontera y los inmigrantes, cuando en realidad es Wall Street y es la Banca quienes le estiran el brazo para que Andrés Manuel López Obrador y su ferviente fidelidad a las políticas progresistas –populistas- no estalle por los aires. PEMEX conforma una red incalculable de empresas petroleras privadas que han depositado sus rendimientos en Wall Street con la venia poderosa del poder político.

En ese contexto hay un discurso velado por la bipolaridad: Estado interventor en la micro – economía y estado neoliberal en la macro; de otra forma las promesas del presidente mexicano arrasarían con el proyecto socialista al cual adhiere. PEMEX es una compañía estatal con servicios tercerizados considerados de primordial importancia para A. M. López Obrador y para el presidente D. Trump, sin embargo el claro oscuro está en el presupuesto estatal mexicano que ha sostenido en estos últimos años el precio de petróleo aproximadamente alrededor de los U$S 50 por b/d para la “canasta mexicana de exportación de petróleo”.

El gobierno mexicano irrumpe contra el acuerdo de la OPEP + Rusia porque no soportaría en términos financieros la disminución de la producción de b/d porque ya pactó un precio de amortiguación y reducir la producción implicaría la necesidad de inyectar más dinero al presupuesto paralelo que compone la canasta de exportación cuyo fin es resistir los embates del comportamiento cíclico del precio del petróleo. México alzó la voz en protesta ya que PEMEX no soportaría la caída de la producción como tampoco podrían sostener el complejo de yacimientos de Cantarell (la mina del oro negro mexicano) y el yacimiento de Sonda de Campeche de México sostén petrolero y gasífero de PEMEX ya que  sólo seis de los 20 campos prioritarios están en plena actividad productiva y el presidente A. M. López Obrador fijó metas presupuestarias muy pretensiosas para el 2020.

Alinearse con Arabia Saudita significaría la hecatombe  con efecto cascada para PEMEX y para todas la empresas tercerizadas que tienen sus acciones en Wall Street, poderosa razón por la cual el presidente D. Trump en un año atípico por la pandemia y las elecciones apuesta a derribar las dudas sobre otro Crack de Wall Street evitando plagar el mercado de futuras acciones sub-prime. Para algunos se trata de una “cuestión progresista” para otros “maniobras de líderes populistas”.

 

El acuerdo en estado de permanente de revisión.

 

El acuerdo de la OPEP + Rusia (plus) ambiciona disminuir la producción en 10 millones de b/d de manera progresiva, lo que equivale a casi el 10 % de la producción mundial. Riad y Moscú se comprometen reducir 5 millones de b/d, el resto de los estados que integran la OPEP conjuntamente con EEUU, Canadá, Brasil, Noruega y otros reducirán los restantes 5 millones restantes.

El escenario planteado es el siguiente: Arabia Saudita asume liderazgo en la región dónde su principal rival, La República Islámica de Irán no tiene poder de reacción por razones económicas, sociales, políticas y militares, por lo tanto el príncipe M. Bin Salman ejecuta  decisiones que son trascendentales al conformar una alianza estratégica con el presidente ruso Vladimir Putin evitando la “guerra por el precio del petróleo” aunque ponderando la idea de futuros controles sobre la ruta de comercialización del  mercado de hidrocarburos ruso en la región asiática y  monitoreando de manera subyacente las relaciones entre Rusia y la Unión Europea con el gasoducto Nord Stream 2.

La íntima relación entre la política climática y la energética fue planteada nuevamente en la reunión virtual del G 20 donde los ministros de energía insisten en respetar la disminución al 0,50 % de azufre en Fuel-Oil establecido por la OMI “Organización Marítima Internacional” convocando a los “estados rectores” de puertos y ribereños a establecer políticas que profundicen mayor control en la regulación de la circulación de buques cuya combustión no exceda los límites impuestos de cantidad de azufre por cuestiones de carácter ambiental.

Por otro lado, los EEUU con gestos alejados de la realpolitik propone un Nuevo Contrato en las Relaciones Internacionales acuciado por los efectos de la pandemia y de la estrepitosa caída del precio del petróleo del 70,08 % en un año.  El presidente Donald Trump sostuvo de manera positiva las decisiones de la OPEP plus al considerar la disminución de la producción del petróleo y considerando que el acuerdo deberá superar los 10 millones de b/d, no obstante la preocupación del mandatario norteamericano está enfocada en el desplome bursátil,  si el precio del barril sigue en baja ya que será imposible sostener las carteras de valores de las empresas petroleras independientes, muchas de ellas operando en suelo mexicano.

 

La centralidad de la preocupación es el boom de quiebras que incidirá directamente en Wall Street. La actividad especulativa está sellada por la historia económica de los Estados Unidos en el fatídico “jueves negro” con la caída de la bolsa en Wall Street en 1929, considerado el mayor apocalípsis financiero de la economía mundial. La burbuja estalló al sostener dos tipos de economías paralelas: la real y la virtual, esta última configuraba el boom especulativo bursátil sostenido en mayor medida con financiación crediticia bancaria, dejando a la vista la vulnerabilidad de la economía norteamericana.

El boom del ‘shale’ propone un escenario similar, esta vez con acciones que provienen del recurso petrolero cuya red tiene atascada a la mayoría de las empresas independientes petroleras, cárteles, holdings, trust, bancos, entidades financieras y sobre todo, numerosos Estados Políticos cuyas economías estaban desestabilizadas y actualmente devastadas con la pandemia del COVID – 19.  

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