El dilema policéfalo de Israel y Palestina

El dilema policéfalo de Israel y Palestina

Las posiciones irreconciliables entre el Estado de Israel y Palestina en su fase de “Estado” neonato con retóricas narrativas contrapuestas y retroalimentando la exclusión del “Otro” con odios históricos y animadversión, vuelve a la escena internacional. La escalada de violencia en una de las regiones históricamente irresueltas desde el punto de vista territorial entre palestinos e israelíes, perturba la finita calma en tiempos de alta sensibilidad para ambas comunidades.

El conflicto actual se desarrolla en un contexto de festividades: el mes de Ramadán, sagrado para los musulmanes y el día de Jerusalén, festivo para la comunidad judía. Los fuertes enfrentamientos tienen como epicentro la Explanada de las Mezquitas dónde convergen tanto la Mezquita de Al – Aqsa como también la Cúpula de la Roca en la Ciudad Vieja, ubicada en la parte Oriental de Jerusalén reclamada por los Palestinos y considerada por Israel como ciudad capital unificada reconocida por los Estados Unidos durante la administración de D. Trump.

En ese contexto de delicado statu quo, jóvenes ultranacionalistas israelíes se enfrentan con jóvenes palestinos, más allá del hecho concreto que actuó como la chispa detonante, la incorporación de los jóvenes como actores sociales son claves para comprender el presente como los futuros conflictos sociales que se avecinan por la invisibilidad del “Otro” produciendo un caos de identidad en defensa de las posiciones más extremas, tanto de los jóvenes israelíes como jóvenes palestinos. De esta forma la dinámica identitaria dentro de Jerusalén Oriental es heterogénea y radical a la hora del reencuentro emocional de la sociedad que padece la desposesión territorial de familias palestinas y el reclamo a la posesión por familias judías. En los diferentes vectores de análisis, no puede soslayarse la dificultad de factores endógenos como la política interna de Israel como la de Palestina, ambos atraviesan profunda crisis de representación.

En el caso de Palestina los dos entes políticos, Al-Fatah que gobierna en Cisjordania y Hamas en Franja de Gaza, no celebran elecciones desde el año 2006 y son determinantes para la unidad política de Palestina sin embargo se profundiza la división tanto política como territorial ya que ambos poseen diferentes intereses y metodologías para dirimir los conflictos con sus vecinos relegando programas e ideas para una Palestina soberana. La lucha fratricida culminó con la apropiación de Cisjordania de facto por Al-Fatah con la anuencia de parte de la comunidad internacional y Hamas hizo lo propio con la Franja de Gaza.

En el caso específico del Estado de Israel la situación es diferente a la de Palestina, aunque confluyen en un punto de encuentro: la división política que no logra gestionar una coalición para gobernar, es el caso del primer ministro Benjamín Netanyahu con doce años de gobierno cuyo desgaste como figura política le impide convencer a los centristas de Yair Lapid como a los nacionalistas de la Nueva Derecha liderada por Naftali Bennet. La fisura se profundizó en pleno proceso de negociación dentro del establishment político israelí cuando estalló el conflicto con Hamas en Franja de Gaza; la Lista Árabe Unida dirigida por Mansour Abas tomó la decisión de congelar las negociaciones.


Aquí radica el nudo central de la discordia en la interna israelí, para ello es necesario que repasemos muy sintéticamente el factor territorial que confunde a los lectores apresurados como académicos “distraídos”.




El valor de la Tierra y las políticas de negación.


La aprobación por la Knesset – julio 2018- de la ley que define oficialmente a Israel como el “estado nación judío” establece como uno de sus principios básicos que “La tierra de Israel es la patria histórica del pueblo judío, en la que se estableció el Estado de Israel” concepto que dilucida la acéfala voluntad de resolver el conflicto. El Partido conservador Likud y sus aliados de la ultraderecha-nacionalistas y hebreos ortodoxos, han dado otro paso en sentido contrario por la pacificación de la región y para el Estado de derecho. La Ley aprobada diluye las garantías de igualdad y diversidad, el concepto incluido en la ley judía es lo que procede a generar pulsiones extremistas contrarias a la secularidad y la diversidad.

Esta introducción es necesaria para comprender el proceso de la expansión de los asentamientos de familias judías en Cisjordania y el desalojo que sufren familias palestinas, un ejemplo claro es el Barrio Sheikh Jarrah en Jerusalén oriental, el conflicto entre familias palestinas e israelíes fue legalizado con el fallo de un tribunal israelí a favor de los colonos que puedan demostrar ser propietarios antes del año 1948, año de la creación del Estado de Israel. La aplicación de la ley israelí en Jerusalén del Este provocó la apelación de los Palestinos en la Corte Suprema de Israel. Hay una guerra étnica civil en los barrios y el desencuentro de la diversidad en el mosaico de religiones se enfrentan no sólo en las calles sino también en las urnas y en la Knesset.

La ira en tiempo presente se sumó a la furia de los tiempos pasados y en este escenario aparece la feroz respuesta de Hamas, considerado por países occidentales como representante del extremismo islámico en la región. El estado de Israel apelando a la legítima defensa emprende la persecución y aniquilamiento de altos mandos de Hamas.

El enfrentamiento es asimétrico desde el punto de vista militar donde Hamas utiliza la muqawama -resistencia armada de la guerrilla- e Israel demuestra la superioridad militar no sólo con el “Domo de Hierro” sino también con un sistema de ataques selectivos a blancos estratégicos para neutralizar la violencia desordenada de Hamas, denominado por las Fuerzas de Defensa Israelí como técnica de “podar el pasto”.


Tímidas voces de altos mandatarios a nivel internacional proponen el alto al fuego de Israel y Hamas y la apertura de una mesa de diálogo. Clara diplomacia cosmética en medio de centenares de muertos por la barbarie.





Algunas interpretaciones jurídicas.


¿Qué dice el artículo 51 de la Carta de Naciones Unidas?

“Ninguna disposición de esta Carta menoscabará el derecho inmanente de legítima defensa, individual o colectiva, en caso de ataque armado contra un Miembro de las Naciones Unidas, hasta tanto que el Consejo de Seguridad haya tomado las medidas necesarias para mantener la paz y la seguridad internacionales. Las medidas tomadas por los Miembros en ejercicio del derecho de legítima defensa serán comunicadas inmediatamente al Consejo de Seguridad, y no afectarán en manera alguna la autoridad y responsabilidad del Consejo conforme a la presente Carta para ejercer en cualquier momento la acción que estime necesaria con el fin de mantener o restablecer la paz y la seguridad internacionales”


El gobierno de Israel apeló al derecho de la legítima defensa no obstante existen interpretaciones restrictivas del artículo 51 de la Carta de las Naciones Unidas establecidas en la resolución 2625-XXV donde se determina que "Los Estados tienen el deber de abstenerse de actos de represalia que impliquen el uso de la fuerza" Por ejemplo la variante del jurista israelí Yoram Dinstein que escribió War, agresión and self–defence-Guerra, agresión y autodefensa- donde realiza un estudio minucioso sobre la guerra preventiva, y nos recuerda que Estados Unidos de América, en el pasado, había aceptado la limitación de la llamada guerra preventiva, al caso del ataque inminente, luego del 11 de septiembre del año 2001. Es evidente que la interpretación extensiva del artículo 51 de la Carta de las Naciones Unidas es para justificar las represalias israelíes en el contexto del “estado de necesidad” con el adicional de la inmediatez y la naturaleza a la autodefensa.


Con esta interpretación: Innumerables interrogantes como también posiciones divergentes al respecto.

¿Se expone un Derecho Internacional Consuetudinario paralelo a la Carta de Naciones Unidas?

¿Dónde está establecido desde la legalidad la ocupación y el desalojo a través de las Fuerzas Armadas?


La intolerancia de la ortodoxia política dentro del Estado de Israel y de Hamas en Franja de Gaza para resolver el conflicto le han concedido a Al Fatah el status de facción política moderada. La laicidad de Al Fatah frente a la resistencia islámica que plantea Hamas ha construido en el “supuesto occidental” una relación simbiótica con el terrorismo yihadista.

La construcción del enemigo desde Occidente está diseñada sobre la base de una tipología de Terrorismo o Estados como integrantes del “Ejes del mal” sin clarificar que entienden por Terrorismo. Las alianzas gestadas por el estado de Israel con países árabes es parte de un diseño geopolítico minucioso como también la violencia que Hamas ejerce desde La Franja de Gaza, ambos actores, mantienen la turbulencia manipulando y capitalizando el concepto de Terrorismo para denunciar al Otro como “Otro enemigo”.

Por otro lado, Las torpes generalizaciones, las simplificaciones, las redenciones y la responsabilidad que le cabe a algunos sectores del academicismo camuflado en sus propios intereses han generado el actual clima de judeofobia e islamofobia.


Quizá sea necesario detenerse por unos segundos para desactivar los discursos del odio que actúan como la serpiente policéfala de la mitología griega. 






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