JOE BIDEN, DE LA RETÓRICA FESTIVA A LA PRUDENTE TRANSFORMACIÓN


La nueva administración en los Estados Unidos propone algunas reflexiones que considerar sobre las diferentes dimensiones que se presentan como desafíos para el nuevo presidente. Entre la construcción del liderazgo político de J. Biden y el legado de D. Trump, la erosión de la empatía social como acción promotora de un mundo de desentendimientos y confrontaciones, pondrá a prueba la capacidad de resiliencia de la sociedad americana y la misma dependerá de la interpretación, la extrapolación y la habilidad para responder en consecuencia del nuevo mandatario. Una sociedad atascada entre la discriminación y la violencia requiere de un estratega que modele y transforme.

El presidente Joe Biden asume con las intenciones de revitalizar la ética política plasmada en sus discursos, aunque dependerá de la voluntad de todos los actores de la estructura política en la infinita variación caótica de los disensos republicanos y los proyectos demócratas y con la convicción de someter los intereses y las pasiones individuales a los objetivos comunes de la sociedad civil. Desandar caminos y encontrar la salida en el laberinto de decisiones gestionadas por D. Trump es el gran desafío para el flamante presidente de los Estados Unidos y uno de los objetivos más urgentes será diseñar nuevos vértices de poder como estrategia, combinando intuición, interpretación y pragmatismo como valores referenciales no sólo para evaluar las zonas de riesgos y los daños ocasionados sino también para diagramar, en un contexto de hiper-complejidad, la dinámica de la política interna como también la reconstrucción de las Relaciones Internacionales en términos diplomáticos .

Para tal fin, la erradicación del conflicto como factor movilizador determina el punto de partida para J. Biden en la aplicación de políticas proactivas, asimismo subyace el interrogante sobre las formas de re-inserción global: ¿Cooperación y/o Competencia? Es imprescindible tener en cuenta que en un contexto de reterritorialización identitaria de la administración americana, en términos generales no augura cambios revolucionarios sino el reemplazo de patrones secuenciales en el proceso de protección de la identidad norteamericana arraigada en nomenclaturas seculares tales como American dream y America First, aun cuando J. Biden revalorizó en el discurso de asunción el concepto de “democracia” la misma que forma parte en la retórica de prevaricación que desde fines del S. XVIII los Estados Unidos han propuesto para Occidente y otros, como la mejor forma de gobierno. El filósofo italiano N. Bobbio autodefinido como un ilustrado pesimista en su obra “Sulla missione del dotto” considera que

El deber de los hombres de cultura es hoy más que nunca sembrar dudas, no ya recoger certezas”

En este contexto y como acto de sana austeridad, propongo la prudencia en la oratoria festiva de los nuevos aires en la Casa Blanca. Ni la confianza en la providencia histórica ni la vanidad centrípeta al considerar como factor revolucionario los elementos de cambio que propone la nueva administración en los Estados Unidos.

La dimensión interna: El Caballo de Troya.


La toma del Capitolio develó una realidad social y dejó en evidencia el fortalecimiento de grupos con ideologías extremas identificados con el discurso y las acciones de D. Trump en el marco de una crisis multidimensional con comportamientos anti-democráticos y legitimando un tipo de política con tendencia autoritaria. Observar en retrospectiva la historia social de los Estados Unidos implica reconsiderar el comportamiento cíclico de la tolerancia social en términos de discriminación.

La derrota de los secesionistas durante la presidencia de Abraham Lincoln entre los años 1861-1865; la abolición de la esclavitud; la Proclamación de la Emancipación y la enmienda decimotercera de la Constitución norteamericana en 1865 aprobada por el Senado y rechazada por la Cámara de Representantes se constituyen en una gran paradoja de la historia: A. Lincoln con filiación política en el Partido Republicano incorporó como principio fundamental en el mismo, la abolición de la esclavitud, acción que fue determinante en la aprobación definitiva de la misma.

Sin embargo, la discriminación étnica y racial inoculada por la Guerra Civil continúa segregando y en pleno S. XXI y en las esferas más altas del poder político norteamericano, el presidente D. Trump del partido republicano otorgó identidad y legitimidad a la histórica discriminación étnica. En la actual estructura social norteamericana existe una base social que descree del Estado y de la política en sentido estricto y fue durante la administración de D. Trump cuando se garantizó el vaciamiento de contenidos a leyes y medidas progresistas en materia de educación; medio ambiente como también a la integración de todos los sectores sociales.

Debemos ser prudentes, con J. Biden en la Casa Blanca la algarabía da paso a la preocupación. Los grupos de extrema derecha se fortalecieron y reivindican la violencia aspirando a deslegitimar el principio fundamental de un Estado: conservar en sus instituciones el monopolio de la coacción física sin embargo quedó demostrado que el control de la violencia física fue acaparado por grupos civiles que ingresaron por la fuerza física al Capitolio y desmantelaron la sensación de seguridad de la máxima potencia mundial.

Podríamos considerar que El caballo de Troya es el trumpismo, que desde adentro implantó el sesgo ideológico de extremo nacionalismo-autoritario, sin el status de una doctrina, pero reflejando el comienzo de una nueva estructura partidaria que el mismo Trump ha denominado The Patriot Party como forma de disuasión política para que el Senado suspenda el segundo juicio político.

El actual presidente norteamericano tendrá que lidiar con este legado social y político en un contexto global dónde proliferan líderes con las características mencionadas.


Fuente: El-Matbakh TV


En Política y Economía Internacional: ¿Cooperación o Competencia?


La ruptura entre D. Trump y J. Biden en el área de la Política Exterior como también en términos de Economía Internacional, es clara. La Casa Blanca depende de la buena convivencia entre el asesor de Seguridad Nacional, Jake Sullivan y el director del Consejo Económico, Brian Deese, puestos claves con agendas diferentes y con intereses que pueden colisionar. J. Biden aseguró durante la campaña electoral el regreso de los Estados Unidos al escenario internacional y, sobre todo, la vuelta al multilateralismo.

El nuevo diseño de las políticas económicas están destinadas a la reconstrucción nacional pero los tiempos sociales y el capital político tienen pulsos diferentes. La nueva administración aspira a la Cooperación, pero también a la Competencia con el objetivo de reestablecer el liderazgo en regiones tales como la Indo- Pacífico y con las dificultades que implicará reincorporarse al Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica (Trans-Pacific Partnership) abandonado por la administración de D. Trump. Mientras la integración regional del sudeste asiático se fortalece y se extiende J. Biden desafía los obstáculos internos por las contradicciones que implica el tipo de participación que podrían tener los Estados Unidos si es que efectiviza la reincorporación al TPP. No obstantes en pleno proceso aislacionista de la era Trump, en la región Indo-Pacífico se conformaron bloques de países para integrarse de manera directa o indirecta al proyecto chino de la Belt and Road Initiative (BRI) y que van desde los acuerdos de comercio preferencial y bilaterales que actualmente están operando: ASEAN-China, ASEAN-Japón, ASEAN-Corea, ASEAN-India, ASEAN-Australia-Nueva Zelanda; a proyectos negociados simultáneamente entre China-Japón-Corea, por un lado y, por otro, el RCEP (Regional Comprenhensive Economic Partnership) que incluye las economías de los 10 países participantes en la Asociación de Naciones del Sureste de Asia (ANSEA), China, Corea y Japón, así como también a Australia, India y Nueva Zelanda. Desde la llegada al poder de Xi-Jinping en el año 2012, China se ha propuesto contrarrestar la influencia de los Estados Unidos en la región entendiendo que aún en las asimetrías; el pragmatismo; el soft power económico; los compromisos laxos y flexibles y las condiciones vinculantes, funcionan como estrategia geopolinómica en el área global-política-económica. Con Xi Jinping en la presidencia, China respondió a la estrategia aislacionista norteamericana otorgando un papel prioritario a la política exterior china en su periferia, conocida como “diplomacia de la periferia” y enfocando su atención hacia el oeste sobre todo desde Asia Central con destino a Europa, de donde Estados Unidos se estaba alejando (Yun, 2013).


Fuente: Asia Insights

American Dream y el Sueño Chino.


¿Cómo se presenta la administración de J. Biden en este escenario? En la campaña electoral ha compartido con Trump en observar a China como el gran competidor por el dominio global, el desacoplamiento fue traumático y con J. Biden tendrá que ser paulatino para darle el tiempo necesario a las compañías tecnológicas estadounidenses para lograr acortar la brecha en términos tecnológicos, pero también preocupa a la administración norteamericana los seis corredores principales que durante estos últimos años han mostrado diferentes grados de desarrollo: China-Pakistán; Nuevo Puente Terrestre Euroasiático; China-Asia Central-Asia Occidental; China-Mongolia-Rusia; China-Península de Indochina; Bangladesh-China-India-Myanmar. Sin embargo, el talón de Aquiles de China es reforzar su seguridad marítima. Si bien la Iniciativa es, en rigor, económica, el trazado de los corredores también habilita a China a proteger sus intereses en términos de seguridad en el área marítima. En este sentido, el Corredor Económico China-Pakistán, y la construcción del Puerto de Gwadar le permite a China acceso a un puerto de aguas profundas, el Corredor Económico China-Península de Indochina contribuye a fortalecer los vínculos económicos con países con los que China posee controversias territoriales, como las disputas del Mar de China Meridional.


¿Cuál es el Talón de Aquiles de los Estados Unidos en la era J. Biden, sobre todo con los asesores más importantes de la Casa Blanca, Jake Sullivan; Brian Deese y el coordinador Indo-Pacífico Kurt Cambell?

Una respuesta para tener en cuenta: La convivencia entre la Democracia Occidental y la Democracia Popular China en términos de los Derechos Humanos. Conciliar el concepto político de Democracia con los objetivos económicos es el talón de Aquiles dentro de la administración de la Casa Blanca.

¿Cómo conciliar la Cooperación y/o Competencia económica con las políticas de Derechos Humanos?

Se requiere tiempo; fortalecer el liderazgo desde adentro de las estructuras políticas con funcionarios dúctiles y alejados de sus propios egos y un equipo con perspectiva estratégica donde la crisis de política doméstica con el “trumpismo” inoculado no sea riesgoso para la Política Económica Internacional.

El dilema: Oriente Próximo


Durante la administración de D. Trump la política estadounidense en Oriente Medio dio un giro copernicano y Joe Biden, ha manifestado en la campaña política generar algunos cambios durante su presidencia, pero su libertad de maniobra será limitada. El secretario de Estado, Antony Blinken, señaló que la lucha contra Irán sería fundamental en la agenda de J. Biden para Oriente Medio como también el deseo de “reparar” lo que Trump ha gestionado en la región, considerando que el lema American first será reemplazado por una política más tradicional en contraste con su predecesor Mike Pompeo.

Antony Blinken, antiguo asesor de J. Biden y B. Obama, destacó que un nuevo acuerdo podría abortar las actividades desestabilizadoras de Irán en la región, así como su desarrollo de misiles balísticos fuera de los controles de la AIEA, dos preocupaciones adicionales en la que se involucran capitales occidentales. Sin embargo, algunos gestos de J. Biden determinan quienes serán los elegidos en la región de Medio Oriente.

Al renovar el apoyo a Israel el nuevo presidente ha sido determinante, aunque la urgencia se centra en lograr un acuerdo interno sobre los intereses que persiguen los Estados Unidos en la región, sobre todo en lo que respecta a la promesa de Biden de retornar al Plan de Acción Integral Conjunta (JCPOA). El Plan contiene, según algunos demócratas, algunos vacíos que compromete la influencia norteamericana sobre Irán y por otra parte, el desafío israelí-palestino depende de la aplicación de un enfoque diferente a las últimas administraciones, no obstante, será difícil observar resoluciones integrales, aún con los Acuerdos de Abraham entre Israel y las diferentes naciones árabes como Bahrein; Emiratos Árabes Unidos; Sudán y Marruecos. Si bien no garantiza la resolución del conflicto con Palestina, J. Biden debe asegurar que la agenda en Oriente Próximo no impida la solución de “Un estado, dos naciones” entre Israel y Palestina.



En ese contexto los tiempos se aceleran y tanto J. Biden como sus asesores deben acercar posiciones con los líderes iraníes para discutir las formas de la vuelta al Acuerdo Nuclear. El nudo central lo constituye la comercialización de petróleo de Irán ¿Cuánto barriles de petróleo exporta? No hay datos precisos, aunque, existe la convicción que el petróleo que parte desde Irán hacia China no se registra, sobre todo durante la Administración de Trump para evitar las sanciones económicas, otro de los grandes desafíos.


En la última reunión del Foro Económico Mundial de Davos 2021, el premier Chino Xi-Jinping advirtió a J. Biden evitar el sendero de confrontación y que el coronavirus no puede ser la excusa para retroceder la globalización sobre todo en lo que respecta a considerar la vacuna como un verdadero bien común. Otros mandatarios enfatizaron en el temor por las revueltas sociales y los cambios estructurales en la economía que ha generado la pandemia del Covid-19. De manera tácita en Davos diagramaron un borrador, sobre todo China, de la lista de prioridades para el flamante mandatario estadounidense considerando como ejes más importantes: la vuelta al multilateralismo; la globalización y políticas de cooperación.


“La originalidad y la creatividad no son más que el resultado del manejo inteligente de las combinaciones. El genio creativo se combina más rápidamente, y con un mayor sentido crítico de lo que se arroja y lo que se salva, el mismo material con el que el genio fallido tiene que trabajar”

Umberto Eco


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